Tuesday, November 15, 2016

La Búsqueda de la Resiliencia. Por: MSc. Cristian Leñeros Testart

La Búsqueda de la Resiliencia
Por: MSc. Cristian Leñeros Testart

Iniciamos por definir la resiliencia como la capacidad y condición de los individuos y sus ambientes para mantenerse sanos y reaccionar o recuperarse de manera positiva, incluso estando inmerso en situaciones desfavorables. Pero antes unas preguntas generadoras que nos permiten reflexionar. ¿Tiene el Club de Leones de Costa Rica una situación difícil?, ¿Cuáles son para usted las principales dificultades que enfrentamos?

En una época turbulenta como la que estamos viviendo, la única ventaja en la que se puede confiar es en la capacidad superior de reinventar el modelo de negocios antes que las circunstancias nos obliguen a hacerlo. Alcanzar ese nivel de resiliencia estratégica en las organizaciones o empresas no es fácil…

Por muchos años las compañías tuvieron y vivieron una estabilidad admirable. Ahora bien el hecho que el éxito se haya vuelto menos persistente o duradero, es un muy buen indicio de que el ímpetu ya no tiene la fuerza que tenía antes.

En la actualidad las innovaciones tecnológicas, los cambios en la regulación, los impactos geopolíticos, los cambios abruptos en los gustos y preferencias de los consumidores y las abundancia de competidores no tradicionales son solo unos pocos ejemplos de las fuerzas que minan las ventajas tradicionales de las empresas establecidas o las organizaciones de servicio social como el Club de Leones.

Unos breves ejemplos, uno de esos es el desafío que enfrenta Coca-Cola, mientras lucha por aumentar su “porción de gargantas” en el mercado de las bebidas (carbonatadas o no). Imagine cuantas opciones de bebidas tiene usted hoy en el mercado, por cual razón te mantendrías consumiendo más de los mismo. Otro ejemplo es la tarea que debe lograr McDonald’s mientras intenta reactivar el crecimiento en un mundo con clientes cansados de las hamburguesas, clientes que pueden ir desde alimentos saludables, vegetarianos, veganos, hasta autóctonos, tradicionales, artesanales, hasta los que prefieren cantidad a bajo precio.

Para todas estas empresas y para nosotros los leones también, el éxito continuo ya no gira en torno al ímpetu, sino que se basa en la “resiliencia”, en la capacidad de reinventar de manera dinámica nuestros modelos de gestión y nuestras estrategias, a medida que las circunstancias de los Leones van cambiando.

Resiliencia Estratégica:

La resiliencia estratégica no se trata de responder a una sola crisis, o reponerse de un contratiempo, sino que es anticipar y adaptarse a las tendencias de cambio que pueden dañar de forma permanente el modelo con el que servimos a nuestras comunidades. Se trata de tener la capacidad de cambiar antes que la necesidad se vuelva demasiado evidente o que ya sea demasiado tarde.

A las organizaciones exitosas, o con una rica historia de éxito en particular aquellas que han disfrutado de entornos relativamente buenos, se les hace en extremo difícil reinventar sus modelos de gestión…

Los invito a buscar información sobre el caso KODAK, una empresa que teniendo en sus manos una idea innovadora, apostó por quedarse con la producción original que les llevó al éxito, pero que les impidió ver el futuro.

Existe una ecuación muy importante en cuanto a resiliencia:


La Magnitud y frecuencia de la transformación estratégica

Tiempo, costo y la energía emocional


Cualquier organización que espera mantener su importancia en un mundo tan cambiante, no tiene más opción que hacer crecer el numerador y reducir de forma constante el denominador al mismo tiempo. Para prosperar en tiempos turbulentos, las organizaciones se deben hacer tan eficientes en la renovación, como lo son en la producción de los productos y servicios de hoy.

Ahora bien una reflexión para todos los Leones, preste mucha atención. “La búsqueda de la resiliencia no puede comenzar con el levantamiento de lo que hacemos bien hoy… Las mejores prácticas de hoy son explícitamente inadecuadas. La búsqueda debe comenzar con una aspiración”.

La meta es una organización como las de los Clubes de Leones se fundamenta en que construya de manera constante su futuro, en vez de defender su pasado exitoso. Usted puede hacer referencia a su conocimiento del por qué el escudo de los Leones tiene dos caras que miran en sentidos diferentes. La meta es lograr cambios revolucionarios que se den a pasos evolutivos, de manera muy rápida, sin sorpresas desastrosas, sin reorganizaciones convulsivas, sin pérdidas colosales y sin despidos o pérdidas de socios indiscriminadamente en todos los niveles de la organización.

En una empresa u organización realmente resiliente, hay mucha emoción, pero nada de trauma. Me imagino que esto ¿Suena imposible? La resiliencia es una meta tan valiosa que las empresas se deben comprometer a hacerla alcanzable, los clubes deben comprometerse a hacerla alcanzable, la gobernación a facilitar los medios de cambio. Recuerde que pocas organizaciones mueren por un hecho grave. La mayoría se desangran lentamente hasta quedar sin fuerzas para reaccionar…

Cuestionemos hasta el momento algunos hechos que venimos analizando. ¿Por qué se sorprenden? ¿Será que el mundo no solo está cambiando, sino que lo hace en formas que simplemente no se pueden anticipar, que llega a asombrar su nivel de turbulencia? Quizás, pero incluso los golpes “inesperados” a menudo se pueden anticipar si se presta atención. Hoy usted como socio, su club o la gobernación precisa tener visión y capacidad de anticipación. Se recomienda buscar el libro o el vídeo “quién se comió mi queso”.

Un pista en el camino o si lo prefiere en el laberinto: Las tecnologías prometen cambiar radicalmente la forma de hacer las cosas…

Al igual que las empresas revolucionarias, las organizaciones deben ser capaces de ver la imagen más amplia de su futuro, anticipar el punto en el que la curva de crecimiento se aplana de pronto o en el que un modelo de negocios cumple su periodo. El hecho que contratiempos de desempeño serios parezcan sorpresivos tan a menudo, sugiere que los ejecutivos se refugian de forma frecuente en la negación. La negación pone en espera el trabajo de renovación y con cada mes que pasa, la dificultad aumenta. Para ser resiliente, una organización debe reducir de forma drástica el tiempo que demora en pasar de la incredulidad a enfrentar el mundo tal cual es.

Entonces, ¿qué se necesita para romper un duro caparazón de negación?

Tres cosas:

1 OBSERVAR

Los dirigentes deben hacerse el hábito de visitar los lugares donde ocurren primero los cambios:

¿Han estado en una empresa de avanzada?

¿Han estado conversando con personas de la alta sociedad?

¿Han estado conversando con políticos de tendencias extremas?

¿Han tenido una conversación honesta sobre los intereses de un joven de 18 años?

Es fácil descartar datos de fuentes secundarias, pero es difícil ignorar nuestra propia experiencia.

A medida que la velocidad de cambio aumenta, también lo debe hacer la energía personal que se dedica a la comprensión de este.

2 BUSCAR ALI ADOS

Es muy probable que en la organización haya personas que estén muy conectados con el futuro y comprendan bien las consecuencias no tan optimistas del modelo actual. Hay que encontrar a esas personas y asegurarse que los guardianes de las convenciones no censuren sus visiones.

✤ Los que creen que trabajan para proteger a los dirigentes de las verdades desagradables, bloquean el acceso de estas personas.

✤ Hay que tener cuidado con las personas que tienen un interés personal en que los tomadores de decisiones no se enteren de las cosas, de los que temen que una comprensión total de los cambios, los expone a su propio fracaso por no haberlo anticipado o por la insuficiencia de su respuesta.

3 RECONOCER

Por último, se debe reconocer que el deterioro de la estrategia es inevitable.

✦ En algunas ocasiones se le ha escuchado decir a Bill Gates que Microsoft siempre está a dos o tres años del fracaso.

✦ Quizás es una exageración, pero el mensaje a su empresa es claro: El cambio hará que, al menos algunas de las cosas que Microsoft hace hoy, dejarán de ser pertinentes y será más temprano que tarde.

✦ A pesar que es fácil admitir que nada dura para siempre, es mucho más difícil admitir que una estrategia muy querida pase rápidamente de certera a poco pertinente.


Importancia de la Variedad

La vida es la cosa más resiliente sobre el planeta. Ha sobrevivido lluvias de meteoritos, movimientos telúricos y cambios de clima radicales… Un alto grado de diversidad biológica asegura que no importa lo que suceda en el futuro, habrá al menos algunos organismos aptos para sobrevivir en las nuevas circunstancias. Si el rango de alternativas estratégicas que una organización explora es mucho menor que la amplitud del cambio en el entorno, entonces la organización va a ser víctima de las turbulencias.

La resiliencia depende de la variedad.

Cambiar los tipos de proyectos que se llevan a cabo, la forma de financiarlos, la forma de participar en ellos, los líderes involucrados, los grupos a los que se dirigen, etc, contribuye en gran medida a la búsqueda de la resiliencia.

Liberación de los recursos

Enfrentar la negación e incentivar las nuevas ideas son excelentes primeros pasos… pero no sirven de nada si no se liberan los recursos para apoyar una amplia variedad de experimentos. Como todos los líderes saben, la reasignación de recursos es un proceso intensamente político. Sin embargo, la resiliencia requiere que lo sea cada vez menos. Las instituciones flaquean cuando invierten demasiado en “lo que es” y muy poco en lo que “podría ser”. Las estrategias tradicionales tienen seguidores poderosos; las estrategias embrionarias no cuentan con eso.

En la mayoría de las organizaciones, el poder de un dirigente tiene relación directa con el recurso que controla, por lo que perder recursos significa perder estatus e influencia.

Por esta razón, es difícil contar con el apoyo de quienes tienen que sacrificar recursos propios, para asignarlos a nuevas iniciativas, sin importar lo atractivas que puedan ser.

Como por supuesto no es digno parecer egoísta, es común que los líderes oculten sus verdaderas motivaciones, tras una fachada de prudencia y cuidado de los recursos. Consideran los nuevos proyectos como riesgosos o que se desvían del foco.

Los innovadores deben dar muchos argumentos y pruebas de que sus ideas van a fructificar, pero curiosamente, los que desean mantener el status quo, raramente deben de dar explicaciones del uso de los recursos, a pesar del riesgo que corren al invertirse en un modelo desgastado. La incapacidad persistente de distinguir a las ideas nuevas de las arriesgadas, refuerza la tendencia de las organizaciones a invertir en exceso en el pasado. Si las fuerzas de preservación truncan siempre las fuerzas de la experimentación, entonces pronto se encontrará invirtiendo en estrategias moribundas y programas obsoletos. La rigidez en la asignación es el enemigo número uno de la resiliencia.

Una organización puede ser eficiente en términos operacionales y ser ineficiente en términos estratégicos. Puede maximizar la eficiencia de sus programas y procesos existentes, pero no poder encontrar y financiar ideas e iniciativas poco convencionales que puedan producir beneficios incluso mayores. Liberar el dinero es una cosa, pero dárselo a las personas adecuadas es otra. Todo esto es muy poco probable.

Esto requiere de:

1 Un jefe que no rechace de forma concluyente la idea, por considerarla excéntrica o fuera de alcance.

2 Una idea que sea, a primera vista, lo suficientemente “grande” como para garantizar la atención de la plana directiva.

3 Líderes que estén dispuestos a desviar fondos de programas existentes en favor de la idea poco convencional

4 Una persona innovadora que tenga sagacidad, carisma y astucia política para que haga que le aprueben la idea.


Es importante asegurar que los proyectos exitosos generen recompensas significativas a los que participaron en él y que esa dedicación a la causa de la experimentación siempre se reconozca de manera positiva.


Necesitamos abordar de manera sistémica el desafío de la resiliencia estratégica.

Pregúntese:

• ¿cómo se refuerzan la variedad estratégica, la experimentación a nivel general y la reorganización rápida de recursos?

• ¿De qué forma se han hecho presentes estos ideales en la capacitación, las mediciones de desempeño y los procesos de gestión?

En la mayoría de los casos, no se ha hecho. Es por esa razón que las fuerzas de la optimización rara vez se encuentran con interrupciones en su lento caminar hacia la poca pertinencia.

La resiliencia se convertirá en algo parecido a un proceso autónomo solo cuando las organizaciones dediquen la misma cantidad de energía en sentar las bases para la renovación perpetua, que la que dedican a crear los cimientos para la eficiencia operacional. Tal vez todavía hay personas que creen que las grandes organizaciones no pueden llegar a ser verdaderamente resilientes, que el objetivo que no haya trauma no es nada más que una quimera. Me parece que estas personas están equivocadas.


Es verdad que el tamaño a menudo protege a una organización de la necesidad de enfrentar verdades duras, pero ¿el tamaño no puede también cobijar a las nuevas ideas?. A veces el tamaño nos da una sensación inapropiada de ser invencibles, lo que nos lleva a correr riesgos imprudentes. Por lo general, el tamaño implica inercia, ¿pero no puede implicar persistencia, también? El tamaño es una barrera para la resiliencia solo si los que conforman las grandes organizaciones caen presa de la ilusión de que el éxito es perpetuo en sí mismo.



Cualquier organización que pueda comprender su entorno, generar opciones estratégicas y realinear sus recursos de manera rápida, cuenta con una ventaja decisiva. Esta es la esencia de la resiliencia, que resultará ser el gran salvavidas en épocas de turbulencias, cuando las organizaciones enfrenten el desafío de cambiar de forma más profunda y más rápida, como nunca antes lo han hecho.

CONCLUSIONES FINALES

Entendiendo la génesis del Club de Leones, es claro que este inició en grupos de empresarios y profesionales, que se unían para retribuir a la sociedad en alguna medida, el éxito alcanzado con sus empresas o ejercicios profesionales. Sin embargo, esa relación de los empresarios con sus comunidades ha cambiado dramáticamente en los últimos años. Hoy hay mercados que exigen la Responsabilidad Social a sus proveedores y por lo tanto la tienen que integrar a sus operaciones diarias.





La Búsqueda de la Resiliencia. Por: MSc. Cristian Leñeros Testart

La Búsqueda de la Resiliencia
Por: MSc. Cristian Leñeros Testart

Iniciamos por definir la resiliencia como la capacidad y condición de los individuos y sus ambientes para mantenerse sanos y reaccionar o recuperarse de manera positiva, incluso estando inmerso en situaciones desfavorables. Pero antes unas preguntas generadoras que nos permiten reflexionar. ¿Tiene el Club de Leones de Costa Rica una situación difícil?, ¿Cuáles son para usted las principales dificultades que enfrentamos?

En una época turbulenta como la que estamos viviendo, la única ventaja en la que se puede confiar es en la capacidad superior de reinventar el modelo de negocios antes que las circunstancias nos obliguen a hacerlo. Alcanzar ese nivel de resiliencia estratégica en las organizaciones o empresas no es fácil…

Por muchos años las compañías tuvieron y vivieron una estabilidad admirable. Ahora bien el hecho que el éxito se haya vuelto menos persistente o duradero, es un muy buen indicio de que el ímpetu ya no tiene la fuerza que tenía antes.

En la actualidad las innovaciones tecnológicas, los cambios en la regulación, los impactos geopolíticos, los cambios abruptos en los gustos y preferencias de los consumidores y las abundancia de competidores no tradicionales son solo unos pocos ejemplos de las fuerzas que minan las ventajas tradicionales de las empresas establecidas o las organizaciones de servicio social como el Club de Leones.

Unos breves ejemplos, uno de esos es el desafío que enfrenta Coca-Cola, mientras lucha por aumentar su “porción de gargantas” en el mercado de las bebidas (carbonatadas o no). Imagine cuantas opciones de bebidas tiene usted hoy en el mercado, por cual razón te mantendrías consumiendo más de los mismo. Otro ejemplo es la tarea que debe lograr McDonald’s mientras intenta reactivar el crecimiento en un mundo con clientes cansados de las hamburguesas, clientes que pueden ir desde alimentos saludables, vegetarianos, veganos, hasta autóctonos, tradicionales, artesanales, hasta los que prefieren cantidad a bajo precio.

Para todas estas empresas y para nosotros los leones también, el éxito continuo ya no gira en torno al ímpetu, sino que se basa en la “resiliencia”, en la capacidad de reinventar de manera dinámica nuestros modelos de gestión y nuestras estrategias, a medida que las circunstancias de los Leones van cambiando.

Resiliencia Estratégica:

La resiliencia estratégica no se trata de responder a una sola crisis, o reponerse de un contratiempo, sino que es anticipar y adaptarse a las tendencias de cambio que pueden dañar de forma permanente el modelo con el que servimos a nuestras comunidades. Se trata de tener la capacidad de cambiar antes que la necesidad se vuelva demasiado evidente o que ya sea demasiado tarde.

A las organizaciones exitosas, o con una rica historia de éxito en particular aquellas que han disfrutado de entornos relativamente buenos, se les hace en extremo difícil reinventar sus modelos de gestión…

Los invito a buscar información sobre el caso KODAK, una empresa que teniendo en sus manos una idea innovadora, apostó por quedarse con la producción original que les llevó al éxito, pero que les impidió ver el futuro.

Existe una ecuación muy importante en cuanto a resiliencia:


La Magnitud y frecuencia de la transformación estratégica

Tiempo, costo y la energía emocional


Cualquier organización que espera mantener su importancia en un mundo tan cambiante, no tiene más opción que hacer crecer el numerador y reducir de forma constante el denominador al mismo tiempo. Para prosperar en tiempos turbulentos, las organizaciones se deben hacer tan eficientes en la renovación, como lo son en la producción de los productos y servicios de hoy.

Ahora bien una reflexión para todos los Leones, preste mucha atención. “La búsqueda de la resiliencia no puede comenzar con el levantamiento de lo que hacemos bien hoy… Las mejores prácticas de hoy son explícitamente inadecuadas. La búsqueda debe comenzar con una aspiración”.

La meta es una organización como las de los Clubes de Leones se fundamenta en que construya de manera constante su futuro, en vez de defender su pasado exitoso. Usted puede hacer referencia a su conocimiento del por qué el escudo de los Leones tiene dos caras que miran en sentidos diferentes. La meta es lograr cambios revolucionarios que se den a pasos evolutivos, de manera muy rápida, sin sorpresas desastrosas, sin reorganizaciones convulsivas, sin pérdidas colosales y sin despidos o pérdidas de socios indiscriminadamente en todos los niveles de la organización.

En una empresa u organización realmente resiliente, hay mucha emoción, pero nada de trauma. Me imagino que esto ¿Suena imposible? La resiliencia es una meta tan valiosa que las empresas se deben comprometer a hacerla alcanzable, los clubes deben comprometerse a hacerla alcanzable, la gobernación a facilitar los medios de cambio. Recuerde que pocas organizaciones mueren por un hecho grave. La mayoría se desangran lentamente hasta quedar sin fuerzas para reaccionar…

Cuestionemos hasta el momento algunos hechos que venimos analizando. ¿Por qué se sorprenden? ¿Será que el mundo no solo está cambiando, sino que lo hace en formas que simplemente no se pueden anticipar, que llega a asombrar su nivel de turbulencia? Quizás, pero incluso los golpes “inesperados” a menudo se pueden anticipar si se presta atención. Hoy usted como socio, su club o la gobernación precisa tener visión y capacidad de anticipación. Se recomienda buscar el libro o el vídeo “quién se comió mi queso”.

Un pista en el camino o si lo prefiere en el laberinto: Las tecnologías prometen cambiar radicalmente la forma de hacer las cosas…

Al igual que las empresas revolucionarias, las organizaciones deben ser capaces de ver la imagen más amplia de su futuro, anticipar el punto en el que la curva de crecimiento se aplana de pronto o en el que un modelo de negocios cumple su periodo. El hecho que contratiempos de desempeño serios parezcan sorpresivos tan a menudo, sugiere que los ejecutivos se refugian de forma frecuente en la negación. La negación pone en espera el trabajo de renovación y con cada mes que pasa, la dificultad aumenta. Para ser resiliente, una organización debe reducir de forma drástica el tiempo que demora en pasar de la incredulidad a enfrentar el mundo tal cual es.

Entonces, ¿qué se necesita para romper un duro caparazón de negación?

Tres cosas:

1 OBSERVAR

Los dirigentes deben hacerse el hábito de visitar los lugares donde ocurren primero los cambios:

¿Han estado en una empresa de avanzada?

¿Han estado conversando con personas de la alta sociedad?

¿Han estado conversando con políticos de tendencias extremas?

¿Han tenido una conversación honesta sobre los intereses de un joven de 18 años?

Es fácil descartar datos de fuentes secundarias, pero es difícil ignorar nuestra propia experiencia.

A medida que la velocidad de cambio aumenta, también lo debe hacer la energía personal que se dedica a la comprensión de este.

2 BUSCAR ALI ADOS

Es muy probable que en la organización haya personas que estén muy conectados con el futuro y comprendan bien las consecuencias no tan optimistas del modelo actual. Hay que encontrar a esas personas y asegurarse que los guardianes de las convenciones no censuren sus visiones.

✤ Los que creen que trabajan para proteger a los dirigentes de las verdades desagradables, bloquean el acceso de estas personas.

✤ Hay que tener cuidado con las personas que tienen un interés personal en que los tomadores de decisiones no se enteren de las cosas, de los que temen que una comprensión total de los cambios, los expone a su propio fracaso por no haberlo anticipado o por la insuficiencia de su respuesta.

3 RECONOCER

Por último, se debe reconocer que el deterioro de la estrategia es inevitable.

✦ En algunas ocasiones se le ha escuchado decir a Bill Gates que Microsoft siempre está a dos o tres años del fracaso.

✦ Quizás es una exageración, pero el mensaje a su empresa es claro: El cambio hará que, al menos algunas de las cosas que Microsoft hace hoy, dejarán de ser pertinentes y será más temprano que tarde.

✦ A pesar que es fácil admitir que nada dura para siempre, es mucho más difícil admitir que una estrategia muy querida pase rápidamente de certera a poco pertinente.


Importancia de la Variedad

La vida es la cosa más resiliente sobre el planeta. Ha sobrevivido lluvias de meteoritos, movimientos telúricos y cambios de clima radicales… Un alto grado de diversidad biológica asegura que no importa lo que suceda en el futuro, habrá al menos algunos organismos aptos para sobrevivir en las nuevas circunstancias. Si el rango de alternativas estratégicas que una organización explora es mucho menor que la amplitud del cambio en el entorno, entonces la organización va a ser víctima de las turbulencias.

La resiliencia depende de la variedad.

Cambiar los tipos de proyectos que se llevan a cabo, la forma de financiarlos, la forma de participar en ellos, los líderes involucrados, los grupos a los que se dirigen, etc, contribuye en gran medida a la búsqueda de la resiliencia.

Liberación de los recursos

Enfrentar la negación e incentivar las nuevas ideas son excelentes primeros pasos… pero no sirven de nada si no se liberan los recursos para apoyar una amplia variedad de experimentos. Como todos los líderes saben, la reasignación de recursos es un proceso intensamente político. Sin embargo, la resiliencia requiere que lo sea cada vez menos. Las instituciones flaquean cuando invierten demasiado en “lo que es” y muy poco en lo que “podría ser”. Las estrategias tradicionales tienen seguidores poderosos; las estrategias embrionarias no cuentan con eso.

En la mayoría de las organizaciones, el poder de un dirigente tiene relación directa con el recurso que controla, por lo que perder recursos significa perder estatus e influencia.

Por esta razón, es difícil contar con el apoyo de quienes tienen que sacrificar recursos propios, para asignarlos a nuevas iniciativas, sin importar lo atractivas que puedan ser.

Como por supuesto no es digno parecer egoísta, es común que los líderes oculten sus verdaderas motivaciones, tras una fachada de prudencia y cuidado de los recursos. Consideran los nuevos proyectos como riesgosos o que se desvían del foco.

Los innovadores deben dar muchos argumentos y pruebas de que sus ideas van a fructificar, pero curiosamente, los que desean mantener el status quo, raramente deben de dar explicaciones del uso de los recursos, a pesar del riesgo que corren al invertirse en un modelo desgastado. La incapacidad persistente de distinguir a las ideas nuevas de las arriesgadas, refuerza la tendencia de las organizaciones a invertir en exceso en el pasado. Si las fuerzas de preservación truncan siempre las fuerzas de la experimentación, entonces pronto se encontrará invirtiendo en estrategias moribundas y programas obsoletos. La rigidez en la asignación es el enemigo número uno de la resiliencia.

Una organización puede ser eficiente en términos operacionales y ser ineficiente en términos estratégicos. Puede maximizar la eficiencia de sus programas y procesos existentes, pero no poder encontrar y financiar ideas e iniciativas poco convencionales que puedan producir beneficios incluso mayores. Liberar el dinero es una cosa, pero dárselo a las personas adecuadas es otra. Todo esto es muy poco probable.

Esto requiere de:

1 Un jefe que no rechace de forma concluyente la idea, por considerarla excéntrica o fuera de alcance.

2 Una idea que sea, a primera vista, lo suficientemente “grande” como para garantizar la atención de la plana directiva.

3 Líderes que estén dispuestos a desviar fondos de programas existentes en favor de la idea poco convencional

4 Una persona innovadora que tenga sagacidad, carisma y astucia política para que haga que le aprueben la idea.


Es importante asegurar que los proyectos exitosos generen recompensas significativas a los que participaron en él y que esa dedicación a la causa de la experimentación siempre se reconozca de manera positiva.


Necesitamos abordar de manera sistémica el desafío de la resiliencia estratégica.

Pregúntese:

• ¿cómo se refuerzan la variedad estratégica, la experimentación a nivel general y la reorganización rápida de recursos?

• ¿De qué forma se han hecho presentes estos ideales en la capacitación, las mediciones de desempeño y los procesos de gestión?

En la mayoría de los casos, no se ha hecho. Es por esa razón que las fuerzas de la optimización rara vez se encuentran con interrupciones en su lento caminar hacia la poca pertinencia.

La resiliencia se convertirá en algo parecido a un proceso autónomo solo cuando las organizaciones dediquen la misma cantidad de energía en sentar las bases para la renovación perpetua, que la que dedican a crear los cimientos para la eficiencia operacional. Tal vez todavía hay personas que creen que las grandes organizaciones no pueden llegar a ser verdaderamente resilientes, que el objetivo que no haya trauma no es nada más que una quimera. Me parece que estas personas están equivocadas.


Es verdad que el tamaño a menudo protege a una organización de la necesidad de enfrentar verdades duras, pero ¿el tamaño no puede también cobijar a las nuevas ideas?. A veces el tamaño nos da una sensación inapropiada de ser invencibles, lo que nos lleva a correr riesgos imprudentes. Por lo general, el tamaño implica inercia, ¿pero no puede implicar persistencia, también? El tamaño es una barrera para la resiliencia solo si los que conforman las grandes organizaciones caen presa de la ilusión de que el éxito es perpetuo en sí mismo.



Cualquier organización que pueda comprender su entorno, generar opciones estratégicas y realinear sus recursos de manera rápida, cuenta con una ventaja decisiva. Esta es la esencia de la resiliencia, que resultará ser el gran salvavidas en épocas de turbulencias, cuando las organizaciones enfrenten el desafío de cambiar de forma más profunda y más rápida, como nunca antes lo han hecho.

CONCLUSIONES FINALES

Entendiendo la génesis del Club de Leones, es claro que este inició en grupos de empresarios y profesionales, que se unían para retribuir a la sociedad en alguna medida, el éxito alcanzado con sus empresas o ejercicios profesionales. Sin embargo, esa relación de los empresarios con sus comunidades ha cambiado dramáticamente en los últimos años. Hoy hay mercados que exigen la Responsabilidad Social a sus proveedores y por lo tanto la tienen que integrar a sus operaciones diarias.





Monday, November 7, 2016

“Cambiamos o Todos nos Vamos” por Dra. Ana Carolina París G y Dr. Isidoro Zaidman Walzer

Servir y ayudar es una de las bases en las que se fundamente la felicidad humana, ante la felicidad de cumplir 100 años, nos debemos permitir sentir la felicidad y el entusiasmo por todos los logros que han tenido. Déjense influir por la emoción y pueden sentir el flujo de la capacidad de amar.

La naturaleza en toda sus manifestaciones es una historia de cambio, no se pueden parar y son obligatorias, inevitablemente estamos sometidos a las fuerzas del cambio. Para entenderlas se tienen que hacer una mirada a las teorías actuales.

 
Sistemas Autopoyeticos (Maturana & Varela)

La autopoiesis o autopoyesis es un neologismo, con el que se designa un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo. Fue propuesto por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela en 1972 para definir la química de auto-mantenimiento de las células vivas. Una descripción breve sería decir que la autopoiesis es la condición de existencia de los seres vivos en la continua producción de sí mismos. Según Maturana y Varela son autopoiéticos los sistemas que presentan una red de procesos u operaciones (que los definen como tales y lo hacen distinguibles de los demás sistemas), y que pueden crear o destruir elementos del mismo sistema, como respuesta a las perturbaciones del medio. Aunque el sistema cambie estructuralmente, dicha red permanece invariante durante toda su existencia, manteniendo la identidad de este. Los seres vivos son en particular sistemas autopoiéticos moleculares, y que están vivos sólo mientras están en autopoiesis.

La Física cuántica. (Lunwin, Heinsemberg, Feyman)
El desarrollo formal de la teoría fue obra de los esfuerzos conjuntos de varios físicos y matemáticos de la época como Schrödinger, Heisenberg, Einstein, Dirac, Bohr y Von Neumann entre otros (la lista es larga). Algunos de los aspectos fundamentales de la teoría están siendo aún estudiados activamente. La mecánica cuántica ha sido también adoptada como la teoría subyacente a muchos campos de la física y la química, incluyendo la física de la materia condensada, la química cuántica y la física de partículas. Lo que nosotros creíamos que era sólido en realidad es energía, en continuo cambio y transformación.

El Pensamiento Complejo. Redes.(Edgar Morín, Ludwig von Bertalanffy)
El pensamiento sistémico es el que se da en un sistema de varios subsistemas o elementos interrelacionados. Intenta comprender su funcionamiento y resolver los problemas que presentan sus propiedades. El pensamiento sistémico es un marco conceptual, un nuevo contexto que se ha desarrollado en los últimos setenta años que facilita la claridad y modificación de patrones. Nosostros funcionamos en redes complejas, tenemos que aceptar que somos partes de un sistema complejo.

Otra teoría importante es la Segunda Ley de la Termodinámica, es una ciencia de la física que estudia la relación de la energía y tiene una relación muy interesante con lo social. “Las diferencia entre un sistema y sus alrededores tienden a igualarse” así poco a poca cada uno de nosotros nos vamos pareciendo a nuestro ambiente. Así inexorablemente formamos parte del ambiente en el que nos desenvolvemos.

 
“La energía se puede ceder del sistema de mayor energía al de menor energía, pero no a la inversa” si ustedes dejan fluir las emociones y la energía positiva del orgullo de ser León yo puedo transmitir esa misma motivación, los líderes son individuos de muy alta energía, tienen motivaciones con mucha fuerza y son capaces de transmitir esa misma energía. Cuando los sistemas pierden su energía son víctimas de la entropía: el desorden y la desintegración.

 
Entender el funcionamiento de nuestro cerebro ante el cambio es muy importante, mi lado izquierdo tiene una cola larga de reptil que prefiere el confort, la seguridad. Mientras a mi lado derecho le encanta soñar con el cambio. Estas dos fuerzas que están dentro de mi en un flujo de la energía de la vida que implica cambio permanente, son las que nos llevan a cambiar, transformar, reinventarse. El equilibrio de esas dos fuerzas son las que propician el cambio o la entropía. Pero cambiar es difícil, cada quien decide. Entonces somos un proceso complejo con Tendencia al cambio y Resistencia al cambio.

El otro problema es que estamos viviendo una época nueva conocida como el Post-Modernismo o la Hiper-Modernidad o lo que Zigmund Bauman, llama la “CEGUERA MORAL”

Una época dominada por la Inmediatez, la Rapidez, el Materialialismo,la Impermanencia, las Tramitaciones simples, la Adoración de la tecnología, el Consumo e hiperconsumo, la Comunicación e información.
Ante esa época moderna, tenemos una nueva clasificación social, En 2013, un estudio generacional mundial realizado por Price Water House Coopers con la Universidad del Sur de California y la Escuela de Negocios de Londres definió a la generación del milenio como aquellos nacidos entre 1980 y 1995. En mayo de 2013, un artículo de la revista Time identificó a los Millennials como aquellos nacidos a partir de 1980 o 1981 y el año 2000. En los medios de comunicación se los suele denominar “nativos digitales”, es decir que, para ellos, el empleo de la tecnología es parte de su vida cotidiana desde sus primeros años de edad, han nacido y se han criado con al menos un dispositivo electrónico al alcance de la mano y, para ellos, el uso de nuevas tecnologías no es una práctica misteriosa ni complicada a la que es preciso adaptarse.
 
Los Millenials tiene como características, ser Livianos, Positivos, Simpáticos, Narcisistas, Impacientes, Insatisfechos, Tecnológicos, No son empáticos, Buscan reconocimiento, Buscan acción y excitación, pero no se comprometen a largo plazo.

Ante estos cambios, tenemos una alternativa, la resiliencia es la capacidad de una organización para recuperarse frente a los retos y proyectarse con éxito al futuro. Es anticipar, responder y adaptarse a los cambios que se avisoran. La meta es construir sin traumas el futuro, no defender el pasado. Ser resiliente requiere visión, tiempo, planificación y energía emocional.

La Búsqueda de la Resiliencia. Por Gary Hamel y Liisa Välikangas

En una época turbulenta, la única ventaja en la que se puede confiar es la capacidad superior de reinventar el modelo de negocios antes que las circunstancias nos obliguen a hacerlo. Alcanzar ese nivel de resiliencia estratégica no es fácil. Existen cuatro desafíos complicados que se interponen en el camino. Se puede llamar la brecha de la resiliencia. El mundo se vuelve más turbulento de forma más rápida de lo que las empresas se pueden hacer resilientes. Se puede encontrar evidencia de esto en todas partes. Es más común que las empresas grandes fracasen; de las 20 quiebras más grandes de Estados Unidos en las últimas dos décadas, diez ocurrieron en los últimos dos años. Las ganancias corporativas son más erráticas; durante las últimas cuatro décadas, la volatilidad año a año de la tasa de crecimiento de las ganancias de las empresas S&P 500 ha aumentado en casi un 50%, a pesar de los vigorosos esfuerzos por “manejar” las ganancias. Hay una proliferación de las caídas en el desempeño; en cada uno de los años entre 1973 y 1977, un promedio de 37 empresas Fortune 500 ingresaba o se encontraba en la mitad de una baja del 50% del ingreso neto, que duró 5 años; desde 1993 a 1997, justo en medio del auge económico más largo de los tiempos modernos, el promedio de empresas que sufrían de ese tipo de contracción de ganancias era más del doble, 84 cada año. Incluso las empresas que siempre han sido exitosas encuentran difícil lograr de manera constante retornos superiores. Jim Collins y Jerry Porras, en su best-seller de 1994 Creadas para Durar, destacaron 18 empresas “visionarias” que de forma constante habían tenido mejor desempeño que sus pares, entre 1950 y 1990. Sin embargo, durante los últimos 10 años, solo seis de esas empresas lograron superar el desempeño del Dow Jones Industrial Average. Las otras 12, que incluían a empresas como Disney, Motorola, Ford, Nordstrom, Sony y Hewlett-Packard, han pasado de ser excelentes a solo buenas. No importa cómo se vea, pero el éxito nunca había sido tan frágil. En tiempos menos turbulentos, las empresas establecidas podían depender del motor del impulso para sustentar su éxito. Algunas, como AT&T y American Airlines, se aislaron de la competencia, a través de protecciones reglamentarias y prácticas oligopólicas. Otras, como General Motors y Coca-Cola, disfrutaban de un paradigma de producto más o menos estable, por más de un siglo los autos han tenido cuatro ruedas y un motor a combustión y los consumidores han tomado bebidas a base de cafeína. Otras, como McDonald’s e Intel, crearon ventajas de pioneros formidables. Además, en los rubros que necesitaban mucho capital, como el del petróleo y el aeroespacial, las altas barreras de entrada protegían a los negocios establecidos. El hecho que el éxito se haya vuelto menos persistente, es un muy buen indicio de que el ímpetu ya no tiene la fuerza de antes. Para estar seguros, aún existe un enorme valor en tener un grupo de clientes fidelizados, una marca reconocida, conocimiento técnico profundo del rubro, acceso preferencial a los canales de distribución, activos físicos exclusivos y una cartera de patentes sólida. Sin embargo, ese valor se ha disipado de manera sistemática, a medida que los enemigos del ímpetu se han multiplicado. Las descontinuaciones tecnológicas, los trastornos de la reglamentación, los impactos geopolíticos, el hecho que los rubros ya no sean verticales y no se hagan intermediaciones, los cambios abruptos en los gustos de los consumidores y las hordas de competidores no tradicionales son solo unos pocos ejemplos de las fuerzas que minan la ventaja de las empresas establecidas. En el pasado, los ejecutivos se podían dar el lujo de suponer que los modelos de negocios eran más o menor inmortales. Es obvio que las empresas siempre habían tenido que trabajar para mejor, pero rara vez cambiaban, por lo menos, no en su esencia. Hoy en día, cambiar es una necesidad. Es el desafío que enfrenta Coca-Cola, mientras lucha por aumentar su “porción de gargantas” en el mercado de las bebidas no carbonatadas. Es la tarea que debe lograr McDonald’s mientras intenta reactivar el crecimiento en un mundo con clientes cansados de las hamburguesas. Es el obstáculo que Sun Microsystems debe superar en su búsqueda de formas de proteger el negocio de servidores de alto margen del violento ataque de Linux. Además, es una necesidad para las grandes empresas farmacéuticas, que deben enfrentar disminuciones en los rendimientos de investigación y desarrollo, mayor presión sobre los precios y la creciente amenaza de los medicamentos genéricos. Para todas estas empresas y el resto también, el éxito continuo ya no gira en torno al ímpetu, sino que se basa en la resiliencia, en la capacidad de reinventar de manera dinámica modelos de negocios y estrategias, a medida que las circunstancias cambian. La resiliencia estratégica no se trata de responder a una sola crisis, no es reponerse de un contratiempo, sino que es siempre anticipar y adaptarse a tendencias profundas y seculares que pueden dañar de forma permanente el poder de ganancias de un negocio esencial. Se trata de tener la capacidad de cambiar antes que la necesidad se vuelva demasiado evidente. Sin Trauma A las empresas exitosas, en particular aquellas que han disfrutado de entornos relativamente buenos, se les hace en extremo difícil reinventar sus modelos de negocios. Por lo general, cuando se enfrentan a turbulencias que rompen los paradigmas, experimentan un cambio total de suerte profundo y prolongado. Por ejemplo, se puede considerar el caso de IBM. Ente 1990 y 1993, la empresa pasó de ganar USD 6.000 millones a perder cerca de USD 8.000 millones y no fue sino hasta 1997 que sus ganancias alcanzaron su máximo anterior. Por lo general, este tipo de caída prolongada de las ganancias provoca un cambio en el liderazgo y en muchos casos, el nuevo director ejecutivo (ya sea Gerstner en IBM, Ghosn en Nissan o Bravo en Burberry), produce un giro exitoso, si es en 180 grados. Por muy celebrado que sea, un giro de estas características siempre es un ejemplo de la falta de resiliencia de la empresa. Un giro es una transformación retrasada por mucho tiempo. Se puede imaginar una proporción, donde el numerador mide la magnitud y frecuencia de la transformación estratégica y el denominador refleja el tiempo, el costo y la energía emocional que se requieren para llevar a cabo la transformación. Cualquier empresa que espera mantener la importancia en un mundo tan cambiante, no tiene más opción que hacer crecer el numerador. El verdadero truco es reducir de forma constante el denominador al mismo tiempo. Para prosperar en tiempos turbulentos, las empresas se deben hacer tan eficientes en la renovación, como lo son en la producción de los servicios y productos de hoy. La renovación debe ser una consecuencia natural de la resiliencia innata de una empresa. La búsqueda de la resiliencia no puede comenzar con un inventario de las mejores prácticas. Las mejores prácticas de hoy son explícitamente inadecuadas. La búsqueda debe comenzar con una aspiración: Que no haya trauma. La meta es lograr una estrategia que esté en constante movimiento y transformación, que siempre se adecue a las oportunidades emergentes y a las tendencias incipientes. La meta es una empresa que construya de manera constante su futuro, en vez de defender su pasado. La meta es una empresa donde los cambios revolucionarios se den a pasos evolutivos, de manera muy rápida, sin sorpresas desastrosas, sin reorganizaciones convulsivas, sin pérdidas colosales y sin despidos indiscriminados en todos los niveles de la empresa. En una empresa realmente resiliente, hay mucha emoción, pero nada de trauma. ¿Suena imposible? Hace algunas décadas, muchos se hubiesen reído ante la idea de algo “sin defectos”. Si alguien manejaba un Ford Pinto o un Chevy Vega o fabricaba esos autos de dudosa calidad, el mismo término hubiese sonado absurdo. Sin embargo, el mundo de hoy ve Seis Sigma o los 3,4 defectos cada un millón cómo una meta alcanzable. Entonces, ¿por qué no comprometernos con una meta de cero trauma? Los defectos cuestan dinero, al igual que las estrategias obsoletas, las oportunidades perdidas y los programas de reestructuración retrasados. Hoy día, muchas de las instituciones más importantes de la sociedad, incluyendo las empresas más grandes, no son resilientes. Sin embargo, no existe una ley que diga que esto debe ser así. Precisamente porque la resiliencia es una meta tan valiosa que las empresas se deben comprometer a hacerla alcanzable (ver el cuadro “Por qué la Resiliencia es Importante”). Toda empresa que espere ser resiliente debe enfrentar estos cuatro desafíos: El Desafío Cognitivo. Una empresa debe dejar totalmente de lado la negación, la nostalgia y la arrogancia. Debe estar muy consciente de lo que va cambiar y siempre dispuesta a considerar la forma en la que esos cambios pueden afectar su éxito actual. El Desafío Estratégico. La resiliencia requiere alternativas, al igual que consciencia, la capacidad de crear una plétora de nuevas opciones como alternativas sólidas para las estrategias que se deben cambiar. El Desafío Político. Una empresa debe poder desviar recursos de los productos y programas de ayer a los de mañana. Esto no significa financiar las ilusiones sin asidero real, sino que significa crear la capacidad de apoyar una cartera amplia de experimentos vanguardistas, con el talento y capital necesario. El desafío Ideológico. Pocas empresas cuestionan la doctrina de la optimización. Sin embargo, optimizar un modelo de negocios que de a poco pierde la pertinencia no puede asegurar el futuro de la empresa. Si la renovación se refiere a volverse una empresa continua, basada en las oportunidades, en lugar de una episódica, que se moviliza por las crisis, las empresas deben aceptar un credo que se extiende más allá de la excelencia operacional y la ejecución perfecta. Hay muy pocas empresas, si las hay, que pueden decir que han dominado estos cuatro desafíos. A pesar que no existe una receta simple para crear una empresa resiliente, una década de investigación sobre la innovación y la renovación permite a los autores sugerir unos cuantos puntos de partida. Revolución, Renovación y Resiliencia: Glosario para los Tiempos Turbulentos ¿Cuál es la probabilidad que las empresas logren superar de forma significativa el desempeño de la economía mundial durante los próximos años? ¿Cuáles son las opciones de que las empresas logren retornos sustancialmente mejores que el promedio del rubro? ¿Cuáles son las posibilidades que el cambio, en todas sus formas, haga que las empresas tengan un repunte en medio de la desaceleración? La confianza en el futuro de cualquier negocio depende del grado al que se dominen las tres formas esenciales de la innovación. Revolución Renovación Resiliencia En la mayoría de los rubros son los revolucionarios, como JetBlue, Amgen, Costco, la Universidad de Phoenix, eBay y Dell, los que han creado la mayor parte de la nueva riqueza durante la última década. Ya sea un participante nuevo o antiguo, las empresas necesitan una estrategia poco convencional para producir retornos financieros pocos convencionales. La revolución del rubro es la destrucción creativa. Es la innovación respecto de las reglas del rubro. Los nuevos participantes tienen una ventaja importante sobre los establecidos, una hoja en blanco. Para reinventar su rubro, un participante establecido primero se debe reinventar a sí mismo. La renovación estratégica es reconstrucción creativa. Se requiere innovación respecto del modelo de negocios tradicional. Por lo general, es necesaria una crisis de desempeño para que se realice el trabajo de renovación. En vez de pasar de éxito en éxito, la mayoría de las empresas van del éxito al fracaso y luego de una ascensión larga y dura, de nuevo al éxito. La resiliencia se refiere a una capacidad de reconstrucción continua. Se requiere innovación respecto de esos valores, procesos y comportamientos organizacionales que favorecen de manera sistemática la perpetuación por sobre la innovación. Conquistar la Negación Todas las empresas son exitosas hasta que dejan de serlo. Lo sorprendente es lo común que es que lo ejecutivos sénior se sorprendan cuando dejan de serlo. Este asombro, este reconocimiento tardío de las circunstancias que han cambiado de manera drástica, es una garantía casi segura de que el trabajo de renovación será pospuesto de manera significativa, quizás hasta peligrosa. ¿Por qué se sorprenden? ¿Será que el mundo no solo está cambiando, sino que lo hace en formas que simplemente no se pueden anticipar, que llega a asombrar su nivel de turbulencia? Quizás, pero incluso los golpes “inesperados” a menudo se pueden anticipar si se presta atención. Se puede considerar el reciente colapso del sector tecnológico, un suceso que llevó a muchos proveedores de computadores y conexiones de redes a una caída en picada y generó depreciaciones de miles de millones de dólares. Tres golpes directos reventaron los gastos de TI: El sector de las telecomunicaciones, que históricamente era un comprador importante de equipos de conexiones de redes, colapsó ante la presión de una deuda enorme; una gran cantidad de clientes de páginas Web se quedaron sin dinero y dejaron de comprar equipos de computación y los clientes corporativos importantes redujeron al mínimo los presupuestos de TI, debido a la recesión económica. ¿Es justo esperar que los proveedores de TI hubieses anticipado esta tormenta perfecta? Sí. Por ejemplo, sabían que la vasta mayoría de sus clientes de páginas Web gastaban dinero a tasas increíbles, pero no tenían ganancias visibles. Lo mismo se aplica para muchas de las empresas incipientes de telecomunicaciones, que compraban equipos a través de financiamiento de los proveedores. Estas empresas construían redes de fibra óptica mucha más rápido de lo que las podían utilizar. Con la banda ancha que crecía más rápido que la demanda, solo era una cuestión de tiempo antes de que el derrumbe de los precios llevara a muchas de estas empresas con grandes deudas a la quiebra. Hubo otras señales de advertencia. En 1990, las empresas estadounidenses gastaron el 19% de su presupuesto de capital en tecnología de la información. En 2000, dedicaban el 59% de sus gastos de capital a las TI. En otras palabras, las TI habían triplicado su participación en los presupuestos de capital, durante el auge de gasto de capital más largo en la historia de Estados Unidos. Cualquiera que viera los datos en 2000, se debió haber preguntado si el gasto de capital seguiría creciendo a un ritmo de dos cifras y si es que era probable que el gasto en TI continuara con un crecimiento tan rápido. La respuesta lógica a ambas preguntas era no. Por lo general, las cosas que no se pueden mantener para siempre, no lo hacen. Los proveedores de TI debieron haber anticipado una disminución importante del crecimiento de las ganancias y haber empezado a hacer simulaciones de opciones para después del auge, mucho antes del colapso de la demanda. Por supuesto que es injusto apuntar a un solo rubro. Lo que le pasó a unas pocas empresas desprevenidas de TI le puede pasar a cualquier empresa y a menudo, les sucede. Motorola se sorprendió con la rápida carrera de Nokia hacia el liderazgo mundial del negocio de teléfonos móviles; los ejecutivos de Gap probablemente sintieron una sacudida cuando, a principios de 2001, el motor de crecimiento de la empresa de pronto empezó a fallar y sin duda, el equipo de gerencia de CNN se sorprendió con el rápido ascenso del rating de Fox News Channel. Pero ellos, al igual que las empresas del sector de TI, deben ser capaces de ver la imagen más amplia del futuro, anticipar el punto en el que la curva de crecimiento se aplana de pronto o en el que un modelo de negocios cumple su periodo. El hecho que contratiempos de desempeño serios parezcan sorpresivos tan a menudo, sugiere que los ejecutivos se refugian de forma frecuente en la negación. Grez Blonder, ex asesor técnico en jefe de AT&T, admitió en un artículo de Barron’s en noviembre de 2002 que “A principios de la década del 90, la plana ejecutiva de AT&T discutía de forma interna que la curva ascendente estable del uso de Internet colapsaría de alguna manera. La idea de que pudiera opacar en la práctica al servicio telefónico tradicional era simplemente inconcebible. Sin embargo, no se podía detener la tendencia, ni siquiera hacerla más lenta, solo con deseos y un marketing inteligente. Uno a uno, los puntos claves de apoyo que sostenían el negocio de la larga distancia, colapsaron”. Para AT&T, al igual que para muchas otras empresas, el futuro era más impensable que desconocido y más desagradable que impredecible. La negación pone en espera el trabajo de renovación y con cada mes que pasas, el costo aumenta. Para ser resiliente, una empresa debe reducir de forma drástica el tiempo que demora en pasar de la incredulidad a enfrentar el mundo tal cual es. Entonces, ¿qué se necesita para romper un duro caparazón de negación? Tres cosas. La primera, gerentes senior que deben hacerse el hábito de visitar los lugares donde ocurren primero los cambios. Deben preguntarse cuántas veces durante el último año se han puesto en una posición en la que pudieran ver el cambio de cerca, en la no leyeran sobre el cambio en una revista, lo oyeran de un consultor o no recibieran un informe recalentado por parte de un empleado, sino que lo experimentaran en persona. ¿Han estado en un laboratorio de nanotecnología? ¿Han pasado noches visitando los locales nocturnos con más estilo en Londres? ¿Han pasado una tarde hablando con fervientes ambientalistas o activistas contra la globalización? ¿Han tenido una conversación honesta sobre los intereses de alguien menor de 18 años? Es fácil descartar datos de segunda fuente, pero es difícil ignorar la propia experiencia. Además, si uno se logra impregnar de los cambios que suceden, ¿cuánto tiempo se pasa pensando en las consecuencias secundarias y terciarias de lo que se visto? A medida que la velocidad de cambio aumenta, también lo debe hacer la energía personal que se dedica a la comprensión de este. En segundo lugar, se deben filtrar los filtros. Es muy probable que en las empresas haya personas que estén muy conectados con el futuro y comprendan bien las consecuencias no tan optimistas del modelo de negocios de la empresa. Hay que encontrar a esas personas y asegurarse que los guardianes de las convenciones no censuren sus visiones y que los que creen que trabajan para proteger a los gerentes de las verdades desagradables bloqueen el acceso de estas personas. Hay que tener cuidado con las personas que tienen un interés personal en que los ejecutivos no se enteren de las cosas, de los que temen que una comprensión total de los cambios expone su propio fracaso por no haberlo anticipado o la insuficiencia de su respuesta. Hay muchas formas de sortear a los burócratas que tratan de proteger sus propias espaldas y de aquellos que creen que deben proteger a sus jefes. Se puede conversar con clientes que no compren a la empresa. Se puede salir a tomar algo y a cenar con los empleados más librepensadores. Se puede crear un comité ejecutivo fantasma, cuyos miembros tengan en promedio 20 años menos que el comité ejecutivo “real”. Se le puede dar a este grupo de treintañeros la oportunidad de revisar presupuestos de capital, planes de adquisición y estrategias de divisiones y de presentar sus visiones de forma directa al directorio. Otra estrategia es revisar de forma periódica las propuestas que nunca llegaron al nivel directivo, las que desestimaron los vicepresidentes y los gerentes de unidades. Por lo general, lo que no recibe apoyo es lo que termina estando más a tono con los cambios, a pesar que las propuestas puedan no estar muy en línea con las ortodoxias imperantes. Por último, se debe aceptar que el deterioro de la estrategia es inevitable. En algunas ocasiones se le ha escuchado decir a Bill Gates que Microsoft siempre está a dos o tres años del fracaso. Quizás es una exageración, pero el mensaje a su empresa es claro: El cambio hará que, al menos algunas de las cosas que Microsoft hace hoy, dejen de ser pertinentes y será más temprano que tarde. A pesar que es fácil admitir que nada dura para siempre, es mucho más difícil admitir que una estrategia muy querida pase rápidamente de certera a poco pertinente. Por qué la Resiliencia es Importante Algunos pueden decir que no hay por qué preocuparse de la resiliencia en cualquier empresa particular, siempre y cuando exista libre competencia, un mercado que funcione bien para los propietarios corporativos, un régimen de política pública que no proteja a las empresas que fracasan de su propia estupidez y una población de empresas nuevas, ansiosas de explotar la pereza de los negocios establecidos. En esta perspectiva, la competencia actúa como estímulo para la revitalización perpetua. Una empresa que no logra adaptarse al entorno cambiante, pierde su pertinencia, sus clientes y a la larga, el apoyo de los grupos de interés. Ya sea que de a poco deja el negocio o la adquieren, el capital humano y financiero de la empresa se reasigna, de forma tal que se aumente el retorno marginal de esos activos. La perspectiva del problema de la resiliencia tiene la virtud de ser simple en concepto. Aunque la competencia, los nuevos participantes, las absorciones y las quiebras son purgantes eficaces de la incompetencia de gestión, no se puede depender de estas fuerzas para abordar de forma eficiente y completa el problema de la resiliencia. Existen muchas razones para esto. Primero y lo más obvio, miles de instituciones importantes están fuera del mercado del control corporativo, desde empresas privadas como Cargill a entidades del sector público, como el Servicio de Salud Nacional de Gran Bretaña a organizaciones sin fines de lucro, como la Cruz Roja. Algunas de estas instituciones tienen competidores, muchas otras no. Ninguna de ellas se puede “absorber” de forma fácil. La falta de resiliencia puede permanecer por mucho tiempo sin corrección, mientras no se atienden a las partes constituyentes y se malgastan los recursos de la sociedad. Segundo, la competencia, las adquisiciones y las quiebras son mecanismos un tanto crudos para reasignar recursos de empresas con mal manejo a empresas bien manejadas. Hay que comenzar con las alternativas más draconianas, la quiebra. Cuando una empresa fracasa, gran parte de su capital intelectual acumulado de desintegra, cuando los equipos se dispersan. Por lo general, los mercados de empleo tardan meses o años en volver a desplegar los activos humanos reemplazados. Las absorciones son mecanismos de reasignación mucho más eficientes, aunque también son malos sustitutos de la resiliencia organizacional. Los ejecutivos de empresas con mal desempeño, ansiosos por proteger sus privilegios y prerrogativas, a menudo se resisten a la idea de una absorción hasta que se agoten todas las otras opciones de supervivencia. Incluso ahí, es probable que subestimen en gran medida el grado de deterioro institucional, un error de juicio que a menudo comparte la empresa que adquiere. Ya sea la adquisición de Compaq de la inestable Digital Equipment Corporation o la absorción por parte de Ford del aproblemado Jaguar, adquisiciones que a menudo prueban ser respuestas retrasadas y por ende, caras, al deterioro institucional. Además, ¿qué sucede con la competencia, con la guerra eterna entre los grandes y los pequeños, los antiguos y los nuevos? Algunos creen que mientras la sociedad sea capaz de crear nuevas empresas, puede darse el lujo de no preocuparse sobre la resiliencia de instituciones antiguas. En esta visión ecológica de la resiliencia, la población de negocios nuevos constituye una cartera de experimentos, la mayoría de los cuales fracasan, pero algunos pocos se convierten en negocios exitosos. De acuerdo con esta perspectiva, las instituciones son, en esencia, desechables. Los nuevos devoran a los antiguos. Si se deja de lado por el momento el tema de que si la longevidad institucional tiene un valor en sí misma, existen razones para cuestionar el razonamiento que dice que “quién necesita empresas establecidas tontas y viejas, cuando se tienen todas estas empresas nueva modernas”. Por lo general, las empresas nuevas son menos eficientes que las más antiguas y recién comienzan el camino desde la innovación desordenada a la optimización disciplinada. Una economía que esté compuesta por completo de empresas nuevas sería muy ineficiente. Además, es común que las empresas nuevas dependan de empresas establecidas para el financiamiento, talento de gestión y acceso al mercado. Tradicionalmente, el éxito temprano de Microsoft dependía de forma fundamental de su capacidad de aprovechar el poder de distribución y la marca de IBM. Por lo tanto, las empresas nuevas no son una alternativa para las empresas establecidas, como póliza de seguros contra los costos que la sociedad les impone a las empresas establecidas que demuestran ser poco imaginativas y lentas para cambiar. Al igual que en muchas otras situaciones, evitar el desastre es mejor que reclamar contra una póliza de seguro, una vez que ha sucedido el desastre. El Silicon Valley y otros focos empresariales importantes son de gran ayuda, pero son solo una solución parcial al problema de las empresas establecidas que no se logran adaptar. Ante la pregunta si una empresa puede morir antes de tiempo, la respuesta de un economista sería que no. Salvo que ocurra alguna intervención del gobierno o divina, una empresa fracasa cuando merecer hacerlo, es decir, cuando ha demostrado de forma constante no poder cumplir con las expectativas de sus grupos de interés. Por supuesto, existen casos en los que se puede decir con razón que una empresa “merece” morir. Hay dos casos que saltan a la vista: Cuando una empresa cumple su propósito original o cuando las circunstancias cambiantes vuelven inválido o inútil el propósito esencial de la organización (por ejemplo, con el colapso del comunismo con respaldo soviético en Europa Oriental, algunos cuestionan la utilidad actual de la OTAN). Sin embargo, hay casos en los que la muerte institucional se debe considerar prematura, ya que le quita a la sociedad beneficios futuros. La longevidad es importante, ya que el tiempo permite la complejidad. La evolución biológica demoró millones de años para producir las complejas estructuras del ojo de los mamíferos y millones más para desarrollar el cerebro humano y la consciencia superior. De esta manera, una empresa se demora años o a veces décadas en elaborar una simple idea y convertirla en un modelo operacional robusto. Se podría pensar en que Dell, que actualmente es el fabricante de computadores más exitoso del mundo, hubiese fracasado en sus primeras etapas. Es posible al menos que el mundo no tendría hoy el ejemplar modelo de negocios “hecho a pedido” que Dell ha construido de manera tan exitosa durante la última década, un modelo que ha estimulado la innovación de la cadena de abastecimiento en una diversidad de rubros. Esta no es razón para aislar a una empresa de su entorno. Sin embargo, es una razón para imbuir a las empresas con la capacidad de ajustar de manera dinámica sus estrategias, mientras trabajan por cumplir con sus misiones de largo plazo. Existe una razón final, que no es económica, para preocuparse sobre la longevidad institucional y por ende, la resiliencia. Las instituciones son las vasijas en las que los seres humanos vierten su energía, sus pasiones y su sabiduría. Por esta razón, no es sorprendente que a menudo se espere que la empresa en la que se trabaja viva más que uno mismo, ya que si los genes constituyen el legado de las personas individuales y biológicas, las instituciones constituyen el legado del colectivo resuelto. Al igual que los niños, las instituciones son la progenie de la humanidad. No es sorpresa que las personas esperen que les vaya bien y que sus sucesores las traten bien. Esta esperanza en el futuro implica una responsabilidad recíproca, ser buenos administradores de las instituciones que se han heredados de los antepasados. La mejor forma de honrar un legado institucional es extenderlo y la mejor manera de hacerlo es mejorar la capacidad de la organización para renovarse de forma continua. A pesar de esto, es importante decir que hay que ser cuidadosos. Un pasado noble no es garantía de un futuro ilustre para una institución. Las instituciones merecen permanecer activas solo si son capaces de soportar el ataque de nuevas instituciones. Por ende, la libertad de una sociedad de crear nuevas instituciones es una póliza de seguros fundamental contra su incapacidad de recrear otras antiguas. En los lugares done esa libertad se ha coartado, como en Japón, los gerentes de empresas establecidas pueden evadir la responsabilidad de la renovación organizacional. Las estrategias se deterioran por cuatro razones. Con el tiempo, las replican; pierden su factor distintivo y por ende, su poder para producir retornos por sobre el promedio. La introducción por parte de Ford de la Explorer puede haber creado la categoría de las SUV, pero hoy día casi todos los fabricantes de autos (Cadillac, Nissan y hasta Porsche) tienen un monstruo alto, que consume mucho combustible, en su línea de productos. Por eso no es de extrañar que la rentabilidad de Ford haya sufrido una baja hace poco. Con un verdadero ejército de consultores vendiendo mejores prácticas y una gran cantidad de periodistas de negocios que trabajan por descubrir los secretos de las empresas con alto desempeño, las grandes ideas se replican más rápido que nunca y cuando las estrategias convergen, los márgenes colapsan. A las buenas estrategias también se les suplanta con mejores estrategias. Ya sean PC hechos a pedido, como Dell o muebles para armar, de IKEA o música que se puede descargar, a través de KaZaA, a menudo la innovación perjudica el poder de ganancias de los modelos de negocios tradicionales. La creatividad de una empresa es la destrucción de otra. Además, en una economía cada vez más conectada, donde las ideas y el capital viajan a la velocidad de la luz, hay muchas razones para creer que las nuevas estrategias se convertirán en las viejas estrategias en poco tiempo. Las estrategias se agotan a medida que los mercados se saturan, los clientes se aburren o los programas de optimización llegan al punto de disminuir los retornos. Un ejemplo de esto es que en 1995 había cerca de 91 millones de teléfonos móviles activos en el mundo. Hoy día, hay más de mil millones. Nokia pasó por esta curva de manera más experta que sus competidores. En un punto, su valor de mercado era tres veces y media más que la de su competidor más cercano. Sin embargo, la cantidad de teléfonos móviles en el mundo no va a volver a crecer al 1000% y la curva de crecimiento de Nokia ya comenzó a aplanarse. Hoy día, los nuevos mercados se pueden disparar, pero entre más rápido crezcan, más pronto llegan al punto en el que el crecimiento se empieza a desacelerar. A la larga, todas las estrategias se agotan. Finalmente, las estrategias pierden su esencia. Puede que Internet no haya cambiado todo, pero aceleró de manera drástica la migración de poder de los productores a los consumidores. Los clientes utilizan este poder recién descubierto como un cuchillo con el que sacan grandes pedazos de los, alguna vez altos, márgenes. En ningún negocio se evidencia esto mejor que en el de los viajes, en donde los viajeros utilizan la red para obtener los precios más bajos posibles en los hoteles y aerolíneas. Esas eficiencias de los negocios virtuales de las que otras empresas se benefician, a la larga cederán la mayor parte de esas ganancias de productividad a los clientes, en la forma de precios más bajos o productos y servicios mejores al mismo precio. Cada vez es más común que sean los clientes y no los competidores los que tienen a las empresas (y a los márgenes) en sus manos. Una evaluación honesta y precisa del deterioro de las estrategias es un antídoto poderoso para la negación (ver una lista de preguntas de diagnóstico en el apartado “Cómo Anticipar el Deterioro de la Estrategia”). Esta también es la única manera de saber si es que la renovación se da con la suficiente rapidez como para compensar de manera total la menor eficacia económica actual. Valorización de la Variedad La vida es la cosa más resiliente sobre el planeta. Ha sobrevivido lluvias de meteoritos, movimientos telúricos y cambios de clima radicales. Además, no planifica, no prevé y a excepción de cuando se manifiesta en los humanos, no posee capacidad de previsión. Entonces, ¿qué es lo fundamental que nos enseña la vida sobre la resiliencia? Solo esto: Que la variedad importa. La variedad genética, dentro y entre especies, es la póliza de seguros de la naturaleza contra lo inesperado. Un alto grado de diversidad biológica asegura que no importa lo que suceda en el futuro, habrá al menos algunos organismos aptos para sobrevivir en las nuevas circunstancias. Los biólogos que estudian la evolución no son los únicos que comprenden el valor de la diversidad. Como podría decir cualquier teórico de sistemas, entre mayor es la variedad de acciones disponibles para un sistema, mayor es la variedad de perturbaciones a la que se puede adaptar. En palabras simples, si el rango de alternativas estratégicas que una empresa explora es mucho menor que la amplitud del cambio en el entorno, entonces la empresa va a ser víctima de las turbulencias. La resiliencia depende de la variedad. Las grandes empresas están acostumbradas a hacer apuestas grandes, como el parque temático de Disney a las afueras de París, el teléfono satelital Iridium de Motorola, la adquisición de Compaq por parte de HP y la apuesta de GM en los autos a hidrógeno. A veces, estas apuestas son exitosas, pero lo común es que ese no sea el caso. Por lo general, cuando las estrategias audaces fracasan, las empresas reaccionan con medidas de reducción de costos draconianas. No obstante, ni el derroche ni la privación llevan a la resiliencia. A la mayoría de las empresas le iría mejor si hicieran menos apuestas multimillonarias y más apuestas de USD 10.000 ó USD 20.000, algunas de las cuales pueden justificar un compromiso mayor, con el tiempo. Deberían evadir las estrategias grandiosas e imperiales y dedicarse a lanzar diversos experimentos de bajo riesgo o como Amy Muller los llama, stratlets. El cálculo es simple: Se necesitan miles de ideas para producir docenas de stratlets, que a su vez producen solo unos pocos éxitos de proporciones. Aun así, solo unas pocas empresas se han comprometido con la experimentación estratégica amplia y a menor escala. El fabricante líder a nivel mundial de electrodomésticos, Whirlpool, compite en un rubro que es cíclico y maduro. El crecimiento depende de viviendas nuevas y ciclos de reemplazo de productos. Los clientes tienden a reparar, en vez de reemplazar sus electrodomésticos, especialmente durante tiempos difíciles. Los mega minoristas, como Best Buy exprimen los márgenes sin piedad, los clientes muestran muy poca fidelización de marca y el resultado es una competencia de suma cero, una disminución estable de los precios reales y un crecimiento lento. Dave Withewam, presidente de Whirlpool, no estaba satisfecho con el pobre estado de las cosas, por lo que en 1999 se propuso innovar una competencia esencial de la empresa. Él sabía que la única manera de contrarrestar las fuerzas que amenazaban el crecimiento y la rentabilidad de Whirlpool, era generar una amplia variedad de opciones estratégicas verdaderamente novedosas. Durante los tres años siguientes, la empresa involucró a 10.000 de sus casi 65.000 empleados en la búsqueda de opciones vanguardistas. En sesiones de capacitación y talleres, estos empleados generaron alrededor de 7.000 ideas, que produjeron 300 experimentos a pequeña escala. Desde esta cornucopia surgieron diversos productos y negocios nuevos, desde Gladiador Garage Works, una línea de unidades modulares de almacenamiento, diseñada para reducir el desorden en los garajes, hasta Briva, un fregadero que tiene un pequeño lavaplatos automático de alta velocidad, pasando por Gator Pak, un mueble integrado que sirve para comer y para poner el televisor, el DVD, la radio, etc., diseñado para disfrutar eventos deportivos (ver mayor información sobre la estrategia de Whirlpool para la comercialización de la línea Gladiator en “Innovaciones para la Caja”, en la edición de septiembre de 2003). Al institucionalizar su proceso de experimentación, Whirlpool ahora maneja de manera activa un amplio conducto de ideas, experimentos y proyectos importantes, que surgen de todas partes de la empresa. Los ejecutivos sénior ponen atención al conjunto de medidas (y al registro de innovaciones) que llevan el registro de la cantidad de ideas que pasan por el conducto, el porcentaje de estas ideas que es en realidad nuevo y el posible impacto financiero de cada una. El equipo líder de Whirlpool está aprendiendo la cantidad precisa de variedad que se debe crear en el extremo de entrada del conducto, en términos de ideas nacientes y experimentos de primera etapa, para producir el impacto en las ganancias que busca al otro extremo del conducto. Los experimentos deben ir más allá de solo los productos. Mientras casi todas las empresas tienen algún tipo de conducto de nuevos productos, pocas tienen un proceso para generar, lanzar y registrar de forma continua experimentos estratégicos novedosos en las áreas de asignación de precios, distribución, publicidad y servicio al cliente. En vez de eso, muchas empresas han creado guetos de innovación (incubadoras, fondos de riesgo, funciones de desarrollo de negocios y skunk works) para concretar ideas externas a lo esencial. Si se les quitan los recursos, las competencias y los clientes del negocio principal, la mayoría de estas unidades producen poco en términos de riqueza para el accionista y muchas, simplemente se atrofian. El aislamiento (y la desconfianza) de la experimentación estratégica se heredó de la época industrial, donde la variedad a menudo se consideraba el enemigo. Una variación, ya sea del estándar de calidad, del programa de producción o del presupuesto se veía como algo malo y muchas veces lo era. Sin embargo, en muchas empresas la aversión a la variabilidad no planificada se ha convertido en una antipatía generalizada hacia las no conformidades y las desviaciones. Encapricharse con la conformidad daña en gran medida la búsqueda de la resiliencia. La experiencia de los autores sugiere que una unidad de negocios o empresa razonablemente grande (con ganancias de entre USD 5.000 millones y USD 10.000 millones, por ejemplo) debe general al menos 100 experimentos vanguardistas al año y cada uno debe absorber entre USD 10.000 y USD 20.000 en fondos de inversiones de primera etapa. No es necesario que esta variedad se logre a costa del foco. A mediados de la década del 90, Nokia comenzó a realizar una estrategia definida por tres metas claras: “Humanizar” la tecnología (a través de una interfaz de usuario, diseño de productos y estética), permitir la “presencia virtual” (donde el teléfono se convierte en el dispositivo de acceso a datos y envío de mensajes para todos los propósitos) y ofrecer “soluciones fluidas” (al reunir infraestructura, software y auriculares en un paquete total para operadores de telecomunicaciones). Cada uno de estos “temas de estrategias” produjo docenas de proyectos vanguardistas. Es un sentido de dirección que se comparte en forma general y no en la restricción de una definición estricta del mercado que se atendía o una fidelidad a un modelo de negocios en particular, lo que controla la variedad superflua. Es evidente que la mayoría de las oportunidades multimillonarias no comienza como apuestas seguras, sino que como propuestas muy debatibles. Por ejemplo, ¿quién hubiera dicho, en diciembre de 1995, cuando eBay solo tenía tres meses, que la página Web de subastas tendría un valor de mercado de USD 27.000 millones en la primavera de 2003, dos años después del colapso de las empresas virtuales? Claro, eBay es una excepción. Para encontrar esas excepciones, se deben reunir y revisar cientos de opciones estratégicas nuevas y luego, probar aquellas que resultan prometedoras, a través de experimentos de bajo costo y con buen diseño, como la construcción de protocolos, simulaciones computacionales, entrevistas con clientes progresistas, etc. Simplemente no hay otra manera de reconocer el futuro. Muchos experimentos van a fallar. El tema no es cuántas veces se falle, sino el valor de los éxitos, cuando se comparan con los fracasos. Lo que cuenta es el desempeño de la cartera y no si un experimento en particular tiene éxito. Cómo Anticipar el Deterioro de la Estrategia Las estrategias de negocios se deterioran de cuatro maneras, cuando las replican, las suplantan, las agotan o le quitan la esencia. Además, en todos los rubros se ha acelerado el ritmo de deterioro de las estrategias. Las siguientes preguntas y las mediciones que implican, son un conjunto de advertencia que puede alertar a los ejecutivos del deterioro incipiente. El hecho que la renovación muchas veces retrasa el deterioro, sugiere que los líderes corporativos de manera frecuente no se dan cuenta o niegan el deterioro de las estrategias. Una revisión aplicada, honesta y frecuente de estas preguntas pueden ayudar a remediar esta situación. Replicación Suplantación Agotamiento Pérdida Esencia ¿La estrategia pierde su factor distintivo? ¿La estrategia desafía las normas del rubro de formas importantes? ¿Se tienen ventajas competitivas verdaderamente únicas? ¿El desempeño financiero se vuelve menos excepcional y más promedio? ¿La estrategia está en peligro de que la reemplacen? ¿Existen discontinuaciones (sociales, técnicas o políticas) que podrían reducir de forma importante el poder económico del modelo de negocios actual? ¿Existen modelos de negocios nacientes que pueden hacer que el de la empresa sea poco pertinente? ¿Se cuenta con las estrategias para convencer o neutralizar estas fuerzas de cambio? ¿La estrategia está llegando a su punto de agotamiento? ¿El ritmo de las mejoras en las mediciones de desempeño claves (como el costo por unidad o el gasto de marketing por cliente nuevo) está disminuyendo? ¿Los mercados se empiezan a saturar; los clientes se empiezan a volver más difíciles? ¿La tasa de crecimiento de la empresa comienza a desacelerase o está a punto de hacerlo? ¿El mayor poder del cliente le quita la esencia a los márgenes? ¿Hasta qué punto dependen los márgenes de la ignorancia e inercia de los clientes? ¿Qué tan rápido y de qué forma empiezan los clientes a ganar mayor poder de negociación? ¿Las mejoras de productividad caen en los resultados finales o están obligados a devolvérselas a los clientes en la forma de menores precios o mejores productos o servicios al mismo precio? Liberación de los Recursos Enfrentar la negación e incentivar las nuevas ideas son excelentes primeros pasos, pero no sirven de nada si no se liberan los recursos para apoyar una amplia variedad de experimentos de estrategia dentro del negocio esencial. Como todos los gerentes saben, la reasignación de recursos es un proceso intensamente político. Sin embargo, la resiliencia requiere que lo sea cada vez menos. Las instituciones flaquean cuando invierten demasiado en “lo que es” y muy poco en lo que “podría ser”. Hay muchas formas en las que las empresas invierten demasiado en el estatus quo: Dedican demasiados esfuerzo de marketing a segmentos de clientes existentes, mientras que ignoran a los nuevos; asignan demasiado dinero para el desarrollo en mejoras incrementales de productos, mientras que no dan el financiamiento suficiente para proyectos vanguardistas; derrochan recursos en canales de distribución existentes, mientras que no atienden a las nuevas estrategias de penetración de mercado. Sin embargo, no importa la manifestación que tenga, la raíz es la misma: Estrategias antiguas que tienen seguidores poderosos; las estrategias embrionarias no cuentan con eso. En la mayoría de las empresas, el poder de un gerente tiene relación directa con el recurso que controla, por lo que perder recursos significa perder estatus e influencia. Además, es común que el éxito personal solo sirva para el desempeño de la propia unidad o programa. Entonces, no es sorprendente que los ejecutivos de unidades y los gerentes de programas tiendan a resistirse a cualquier intento de reasignación de “su” capital y talento para nuevas iniciativas, sin importar lo atractivas que puedan ser. Por supuesto que no es digno parecer egoísta, por lo que es común que los gerentes oculten sus verdaderas motivaciones tras la fachada de un argumento comercial aparentemente prudente; consideran que los nuevos proyectos no se han probado, que son riesgosos o que se desvían del foco. Si estas artimañas son exitosas, como a menudo lo son, los que buscan los recursos para nuevas opciones estratégicas se ven obligados a cumplir con una mayor cantidad de pruebas que los que solicitan inversiones adicionales de dinero para programas existentes. De forma irónica, los gerentes de unidades rara vez deben defender los riesgos que corren al invertir mucho dinero en estrategias que se deterioran de forma lenta o exceder el financiamiento de actividades que ya producen menores retornos. El hecho es que la innovación implica nada más que riesgo. El riesgo depende de la incertidumbre, que se multiplica por el tamaño de la exposición financiera. La novedad depende del punto hasta el que una idea desafía los precedentes y las convenciones. La tarjeta de débito de Starbucks, que permite a los clientes habituales comprar su cuota diaria de cafeína sin la necesidad de efectivo, fue sin lugar a dudas una innovación para el rubro de los restaurantes de servicio rápido, pero aún no queda claro si fue arriesgada. La tarjeta ofrece a los clientes un beneficio sólido y depende de tecnología probada. De hecho, fue un éxito inmediato. A 60 días de su lanzamiento, los clientes con mentalidad cómoda arrasaron con 2,3 millones de tarjetas y le dieron a Starbucks una dosis de caja de USD 32 millones. La incapacidad persistente de distinguir a las ideas nuevas de las arriesgadas refuerza la tendencia de las empresas a invertir en exceso en el pasado. Lo mismo hace la renuencia general de los ejecutivos corporativos para sacar recursos de una unidad de negocios y ponerlos en otra. Un estudio detallado de empresas diversificadas, que realizaron los profesores Hyun-Han Shin y René Stulz, arrojó que la asignación de fondos de inversión en las unidades de negocios no guardaba mucha proporción con el atractivo relativo de las oportunidades de inversión dentro de esas unidades. En vez de eso, gran parte del presupuesto de inversión de una unidad de negocios estaba en función de su propio flujo de caja y en segundo lugar, del flujo de caja de la empresa en general. Al parecer, a los ejecutivos de la plana ejecutiva, lejanos como están de las operaciones diarias, se les hace difícil formar una visión con fundamentos a nivel de unidades o subunidades y de las oportunidades y por ende, son cautelosos con la asignación de recursos de una unidad a otra. Es importante decir que los autores no sugieren que un negocio muy rentable y con mucho crecimiento se deba saquear para financiar un esquema de diversificación no muy brillante. Aun así, si una empresa favorece de manera sistemática los programas existentes por sobre las nuevas tecnologías, si las fuerzas de preservación truncan siempre las fuerzas de experimentación, entonces pronto se encontrará invirtiendo en estrategias moribundas y programas obsoletos. La rigidez en la asignación es el enemigo de la resiliencia. Al igual como la biología puede enseñar algo sobre la variedad, los mercados enseñan algo sobre lo que se necesita para liberar los recursos de la prisión de los precedentes. La evidencia de siglos pasados deja poco espacio para la duda: La economías que se basan en los mercados tienen mejor desempeño que aquellas que se planifican a nivel central. No es que los mercados sean infalibles, ya que al igual que los seres humanos, son vulnerables a las manías y a la desesperación, pero en promedio, los mercados son mejores que las jerarquías para obtener los recursos adecuados detrás de las oportunidades correctas, en el momento preciso. A diferencia de las jerarquías, los mercados no son ni políticos sin sentimentales; no les importa quién se ve afectado. A pesar de esto, la empresa promedio funciona más como un estado socialista que como un mercado libre. Una jerarquía puede ser un mecanismo eficaz para aplicar recursos, pero es un dispositivo imperfecto para asignar recursos. De manera específica, el mercado que existe para el capital y el talento dentro de las empresas es mucho menos eficiente que el mercado que existe para el capital y el talento entre las empresas. De hecho, una empresa puede ser eficiente en términos operacionales y ser ineficiente en términos estratégicos. Puede maximizar la eficiencia de sus programas y procesos existentes, pero no poder encontrar y financiar ideas e iniciativas poco convencionales que puedan producir retornos incluso mayores. Aunque las empresas tienen muchas formas de evaluar la eficiencia operacional, la mayoría de ellas no tiene ni la más mínima idea cuando se trata de la eficiencia estratégica. ¿Cómo pueden asegurar los líderes corporativos que el conjunto actual de iniciativas representa el uso de mayor valor que se puede dar al capital y al talento, si es que la empresa no ha generado ni maximizado una gran cantidad de alternativas? Además, ¿cómo pueden estar seguros los ejecutivos de que los recursos correctos se alinean tras la oportunidad adecuada, si no existe libertad para mover el capital y el talento a proyectos o negocios con mayores retornos? La respuesta es simple, no pueden hacerlo. Cuando hay escasez de opciones estratégicas innovadoras o cuando la rigidez de asignación de recursos encierra al talento y al capital en programas y negocios existentes, los gerentes puede “comprar” recursos con precios de descuento, es decir, que no tienen que competir por los recursos contra una amplia gama de alternativas. Exigir que todos los proyectos y negocios recuperen su costo de capital no corrige esta anormalidad. Es perfectamente posible que una empresa recupere su costo de capital y aun así no pueda darle el mejor uso a su capital y talento. Para ser resilientes, los negocios deben minimizar su propensión a invertir demasiado en estrategias antiguas. En una empresa grande, la gerencia ejecutiva dio un importante paso en esta dirección al asignar el 10% de su capital de mil millones de dólares al año a proyectos que fueran verdaderamente innovadores. Para obtener el beneficio, los proyectos tenían que tener el potencial para cambiar de manera sustancial las expectativas del cliente o la economía del rubro. Además, el director ejecutivo anunció su intención de aumentar este porcentaje con el tiempo. Su lógica era que si los ejecutivos de divisiones no financiaban proyectos vanguardista, la empresa nunca iba a lograr resultados de ese tipo. El riesgo de este enfoque lo mitigaba el requisito que decía que cada división debía desarrollar una amplia cartera de experimentos, en vez de apostar en una gran idea. Liberar el dinero es una cosa, pero dárselo a las personas adecuadas es otra. Se puede tomar como ejemplo las opciones que enfrenta un empleado sin poder político que espera obtener el financiamiento para un experimento de escala pequeña. Una opción es tratar de que aprueben la idea en niveles superiores de la cadena de mando, donde la consideren como parte del proceso formal de planificación. Esto requiere cuatro cosas: Un jefe que no rechace de forma concluyente la idea, por considerarla excéntrica o fuera de alcance; una idea que sea, a primera vista, lo suficientemente “grande” como para garantizar la atención de la plana directiva; ejecutivos que estén dispuestos a desviar fondos de programas existentes en favor de la idea poco convencional y una persona innovadora que tenga sagacidad en el negocio, carisma y astucia política para que haga que aprueben la idea. Todo esto es muy poco probable. Lo que el posible innovador necesita es una segunda opción: Acceso a muchos, muchos posibles inversionistas, análogos a la multitud de inversionistas a los que puede apelar una empresa cuando busca reunir fondos. ¿Cómo se puede lograr esto? En las empresas grandes existen cientos, quizás miles, de personas que controlan algún tipo de presupuesto, los gerentes de las instalaciones, los gerentes de ventas, los gerentes de servicio al cliente, los gerentes de oficinas y más. ¿Qué pasaría si cada una de estas personas fuera una fuente posible de financiamiento para los innovadores internos? ¿Qué pasaría si cada uno, de vez en cuando, tuviera el papel de inversionista ángel al ofrecer capital generador para ideas que apunten a transformar el negocio esencial a escalas grandes y pequeñas? ¿Qué pasaría si se les permitiera a todos los que gestionan presupuestos invertir el 1%, 3% ó 5% de ese presupuesto en experimentos estratégicos? Los inversionistas dentro de un departamento o región en particular podrían formar sindicatos, para aceptar riesgos un poco mayores o diversificar las carteras de inversión. De acuerdo con el grado de retornos positivos que produzca una cartera, en términos de nuevas ganancias o grandes ahorros de costos, se les devolvería un pequeño bono a aquellos que dieron el financiamiento y que actuaron como mentores y respaldaron el experimento. Quizás a los inversionistas con mejor registro se les puede dar la oportunidad de invertir la mayor parte de su presupuesto en proyectos vanguardistas. Si se libera de esta manera, el capital puede fluir hasta las posibilidades más increíbles, libre de las tendencias proteccionistas de los inversionistas. Cuando se trata de la renovación, las habilidades humanas son incluso más críticas que el dinero, por lo que si un mercado para el capital es importante, un mercado para el talento es esencial. Sin importar su ubicación, las personas en toda la empresa deben estar al tanto de todos los nuevos proyectos que buscan talentos. La distancia, ya sea entre unidades de negocio o a nivel nacional, no debe disminuir esta visibilidad. Los empleados necesitan una forma simple de ofrecerse para los equipos de proyectos y si un proyecto desea contratar a una persona en particular, no deberían existir barreras para esa transferencia. De hecho, el equipo de proyecto debe tener una cantidad importante de libertad a la hora de negociar los términos de cualquier transferencia. Mientras el riesgo general del proyecto se mantenga dentro de los límites, debe ser el equipo el encargado de decidir cuánto se debe pagar por el talento. Los ejecutivos no deberían preocuparse mucho por proteger a los empleados del lado negativo de un proyecto que fracasa. Con el tiempo, los empleados más cotizados tendrán la oportunidad de trabajar en diversos proyectos, lo que diversifica su riesgo personal. Sin embargo, es importante asegurar que los proyectos exitosos generen retornos significativos, tanto financieros como profesionales, a los que participaron en él y que esa dedicación a la causa de la experimentación siempre se reconozca de manera positiva. Sin importar las recompensas financieras, los empleados ambiciosos descubren en poco tiempo que los proyectos con capacidad para transformar, a menudo ofrecen oportunidades con la misma capacidad, pero están enfocadas a su crecimiento personal. Aceptar la Paradoja La barrera final de la resiliencia es ideológica. Las empresas modernas son un santuario de un solo ideal desde hace más de 100 años: La optimización. Desde la “gestión científica” hasta la “investigación de operaciones”, pasando por la “reingeniería”, por la “planificación de recursos de la empresa” y “Seis Sigma”, la meta nunca ha cambiado: Hacer más, hacerlo mejor, hacerlo más rápido y hacerlo más barato. Que quede claro, la ideología de la optimización y su elaboración en valores, medidas y procesos ha creado enorme riqueza material. La capacidad de producir millones de cosas, de manejar millones de transacciones o de ofrecer un servicio a millones de clientes es uno de los logros más impresionantes de la humanidad. Lo que pasa es que ya no es suficiente. El credo de la optimización se puede resumir de forma perfecta en el famoso lema de McDonald’s “Miles de Millones Atendidos”. El problema surge cuando algunos de esos miles de millones quieren que les den otra cosa, algo distinto, algo nuevo. Como ideal, la optimización es suficiente solo mientras no haya un cambio fundamental en lo que se tiene que optimizar. Sin embargo, si uno trabaja en un sello discográfico que necesita un modelo rentable de negocios en línea o en una aerolínea que lucha por mejorar la estrategia de Southwest o en un hospital que intenta ofrecer servicios de salud de calidad, a pesar de los drásticos recortes presupuestarios o en una cadena de una tienda por departamentos que sufre por los vendedores minoristas de descuento o en un distrito escolar pobre que intenta frenar la tasa de deserción o de cualquier otra empresa donde ya no es suficiente tener más de lo mismo, en esos casos, la optimización es un ideal totalmente inadecuado. El ritmo más rápido del cambio exige un ritmo más rápido en la evolución estratégica, lo que se puede lograr solo si una empresa se preocupa tanto de la resiliencia como lo hace de la optimización. Actualmente, esto no sucede. Claro, se puede decir que las empresas trabajan para mejorar su resiliencia operacional, es decir, su capacidad para responder a los altos y bajos de su ciclo comercial o para reequilibrar de manera rápida su mix de productos, pero pocas se han comprometido a abordar de manera sistemática el desafío de la resiliencia estratégica. De hecho, lo que sucede es todo lo contrario. En los últimos años, la mayoría de las empresas ha estado en “modo de reducción”, trabajando para acomodar sus costos bases a la economía deflacionaria y a presiones competitivas sin precedentes. Sin embargo, la limitación no puede revitalizar un modelo de negocios moribundo y una ejecución genial no puede revertir el proceso del deterioro de la estrategia. No es que la optimización esté mal, lo que sucede es que rara vez se debe defender de un rival parejo, en términos de fuerza. La agilidad, el foco y la exactitud se refuerzan todos los días, en cientos de maneras distintas, como programas de capacitación, herramientas de comparación (benchmarking), rutinas de mejoramientos y sistemas de medición; pero, ¿cómo se refuerzan la variedad estratégica, la experimentación a nivel general y la reorganización rápida de recursos? ¿De qué forma se han hecho presentes estos ideales en la capacitación de empleados, las mediciones de desempeño y los procesos de gestión? En la mayoría de los casos, no se ha hecho. Es por esa razón que las fuerzas de la optimización rara vez se encuentran con interrupciones en su lento caminar hacia la poca pertinencia. Cuando uno corre para tomar un taxi, el ritmo cardíaco se acelera, de forma automática. Cuando uno se para al frente de un público para hablar, las glándulas suprarrenales empiezan a funcionar, de forma espontánea. Cuando uno ve a alguien atractivo, las pupilas se dilatan, de forma refleja. Automático, espontáneo, reflejo. Estas palabras describen la forma en la que los sistemas autónomos del cuerpo responden a los cambios circunstanciales. Sin embargo, no describen la forma en que las empresas grandes responden a sus cambios circunstanciales. La resiliencia se convertirá en algo parecido a un proceso autónomo solo cuando las empresas dediquen la misma cantidad de energía en sentar las bases para la renovación perpetua, que la que dedican a crear los cimientos para la eficiencia operacional. Durante la lucha por aceptar la paradoja inherente entre la búsqueda incansable de la eficiencia y la exploración incansable de opciones estratégicas nuevas, los gerentes pueden aprender algo de las democracias constitucionales, en especial la de Estados Unidos. Durante más de dos siglos, EE.UU. se ha demostrado a sí mismo que es mucho más resiliente que las empresas que han nacido en el país. En el centro del experimento estadounidense existe una paradoja (unidad y diversidad), una sola nación poblada por todas las naciones. Hay que estar seguros que no es fácil seguir un curso fijo entre el sectarismo divisional y la conformidad totalitaria. No obstante, el hecho que Estados Unidos se las haya arreglado para hacerlo, a pesar de algunos períodos tristes, debe incentivar a los gerentes que intentan cuadrar las exigencias de una eficiencia ahorrativa y de una innovación rupturista. Quizás, solo quizás, todos esos contadores e ingenieros que nunca han sido fanáticos de la paradoja, pueden aprender a amar a los herejes y a los soñadores. La Máxima Ventaja Tal vez todavía hay personas que creen que las grandes empresas no pueden llegar a ser verdaderamente resilientes, que el objetivo que no haya trauma no es nada más que una quimera. Los autores creen que estas personas están equivocadas. Es verdad que el tamaño a menudo protege a una empresa de la necesidad de enfrentar verdades duras, pero ¿el tamaño no puede también cobijar a las nuevas ideas? Es común que el tamaño de una sensación inapropiada de ser invencibles, lo que lleva a correr riesgos imprudentes, pero ¿el tamaño no puede dar también un sentido de posibilidad que incentive la experimentación a nivel general? Por lo general, el tamaño implica inercia, ¿pero no puede implicar persistencia, también? El problema no es el tamaño, sino el éxito. Las empresas crecen porque les va bien. El tamaño es una barrera para la resiliencia solo si los que habitan las grandes empresas caen presa de la ilusión que el éxito es perpetuo en sí mismo. Los comandantes en el campo de batalla hablan de “entrar al ciclo de decisiones del enemigo”. Si se puede recabar, interpretar y usar la inteligencia del campo de batalla más rápido que el adversario, ellos lucharán y uno estará siempre en la posición ofensiva, actuando en vez de reaccionando. De manera análoga, se puede pensar en ingresar al “ciclo de renovación” del competidor. Cualquier empresa que pueda comprender su entorno, generar opciones estratégicas y realinear sus recursos de manera más rápida que sus rivales, cuenta con una ventaja decisiva. Esta es la esencia de la resiliencia, que resultará ser la máxima ventaja competitiva en épocas de turbulencias, cuando las empresas enfrenten el desafío de cambiar de forma más profunda y más rápida, como nunca antes lo han hecho.